Mientras me quede voz (II)

Lo más emocionante de ayer noche no fue sólo escuchar mi poema en la serena y perfecta voz de mi querida y admirada Hilda Farfante Gayo. Lo más emocionante vino luego, cuando se visibilizó el drama de los republicanos represaliados y sus familiares. Cuando mi padre lloraba como un niño tras el teléfono, cuando mis hijos preguntaron por su historia, cuando la voz dormida de nuestros muertos se hizo pájaro y voló libre, a pesar de los insultos, los desprecios, el desinterés general y las infamias. Gracias a los que cuentan, a los que hablan, “recuérdalo tú y recuérdalo a otros…” Esta es mi trinchera y en ella me reconozco junto a los demás guardianes de la memoria. Sin ellos nada de esto sería posible. Hombres y mujeres dignos y valientes que saben de dónde vienen y a dónde quieren dirigirse. Esos, como diría B.Bretch, son los imprescindibles, y yo me enorgullezco de llamarlos amigos. Por ellos, por nuestros muertos, por los que recordamos, por los que recordarán un día: Salud.

Mientras me quede voz
hablaré de los muertos
tan quietos, tan callados,
tan molestos.

Mientras me quede voz
hablaré de sus sueños,
de todas las traiciones,
de todos los silencios,
de los huesos sin nombre
esperando el regreso,
de su entrega absoluta,
de su dolor de invierno.

Mientras me quede voz
no han de callar mis muertos.

Marisa Peña.

1 comentario sobre “Mientras me quede voz (II)”

  1. Pedro dijo:

    Estimada Marisa, soy miembro de un grupo de rock. El otro día vimos la intervención de Hilda Farfante y nos impresionó mucho, sobre todo la parte en la que recita su poema, tanto que decidimos pornerle música.

    Nos gustaría mucho poderle mandar la grabación del mismo para que nos diera su visto bueno.

    Si fuera tan amable de mandarme un email para que le enviemos el archivo, le estaríamos profundamente agradecidos.

    Un cordial saludo.

    Pedro.

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