Archivo de la categoría "opinión"

Una nube recorre Europa

Viernes, 14 de Mayo de 2010

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Negras tormentas agitan los aires…
Una nube de ceniza recorre Europa, la Europa democrática, de conciencia tranquila, estómagos agradecidos y necesidades cubiertas. Una nube recorre Europa.Una nube oscura e imparable.
Y con ella ha venido un oscuro presagio, una negra incertidumbre, un extraño y aciago presentimiento.Y nos invade, anida en las esquinas de una memoria antigua, heredada, agazapada, latente, dispuesta, por fin, a despertar…

De Nanas, memoria y centenarios…

Miércoles, 10 de Marzo de 2010

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En el colegio de Pablo, mi hijo, celebran el centenario de Miguel Hernández. Todo orgulloso le cuenta a su abuelo, mi padre, que Miguel Hernández le escribió a su hijo las ” Nanas de la cebolla” mientras estaba en la cárcel. Mi padre, su abuelo, dejándose llevar por el entusiasmo del nieto, coge un libro de pastas blancas y le dice en tono de camaradería y confidencia: ” Mira, a mí mi padre también me dedicó poemas desde la cárcel.“Nanas del hijo ausente”, toma lee”. El hombre y el niño, salvando los muchos años que les separan, comparten, por un momento, el sagrado misterio de la poesía. Entonces mi hijo, su nieto, que sólo tiene ocho años, se pone muy serio y añade:” menos mal que tú has sido bueno y no has tenido que ir a la cárcel para escribirle nanas a mamá”. El abuelo, mi padre, balbucea una escusa y deja un momento a su nieto, mi hijo, con su libro, Miguel Hernández para niños, abierto entre las rodillas.

Hace mucho, mucho, que no veía llorar a mi padre. Mientras él llora su dolor de hijo ausente, yo me acerco sin miedo a su nieto, mi hijo, y le dejo que me pregunte. “A la cárcel van los malos, mamá, los que cometen delitos”. Él siempre tan redicho, en la profunda seriedad de sus recién estrenados ocho años. “No hijo, no siempre…” Y entonces me dispongo a contarle que hubo un tiempo de horror y venganza, donde los hombres como Miguel Hernández, y como su bisabuelo Manuel, iban a la cárcel por otras razones: por ser leales a sus ideas, por no claudicar, por no permitir que su palabra se tergiversara, por ayudar a otros como ellos a difundir ideas que ahora son muy normales, por querer que sus nietos y los hijos de sus nietos vivieran con dignidad, justicia y trabajo. Hablamos de las dictaduras, de los años grises, de los juicios injustos y las condenas revanchistas.Se lo cuento todo con lenguaje sencillo, con ejemplos cercanos a su mundo infantil. La guerra de las galaxias le ha servido muy bien para entenderlo todo. Miguel Hernández no fue sólo un poeta, fue un hombre que pagó con la vida su férrea convicción de hombre del pueblo. Pudieron haber dicho sí al nuevo régimen, aceptar, claudicar….nadie se lo hubiera echado en cara: sobrevivir es un acto de profunda humanidad. Pero no lo hicieron. No querían ser héroes, ni mártires, pero eligieron el camino más duro. Y les escribieron nanas a sus hijos desde celdas frías y muros eternos. Y no pudieron restañar sus heridas viéndolos crecer al abrigo del fuego, en una España donde debieran haber cabido todos.

Las nuevas generaciones tienen el derecho y la obligación de saber la verdad , el por qué , y no escuchar incrédulos que M.Hernández murió en la cárcel, tuberculoso. Algo debió hacer, pensarán inocentes…( “Él se lo ha buscado” dicen que murmuró su padre al saber de su muerte). Mientras la duda anide en los ojos de los niños al escuchar historias como la de Miguel Hernández, o la de mi abuelo, aún nos quedará mucho por hacer, aunque a algunos les pese y les incomode. No callaremos más, no nos disculparemos más, no nos esconderemos más, no queremos más cajones cerrados, ni más historias olvidadas, ni más silencios.

Así que hoy hemos gritado al viento la historia del abuelo Manuel, que estuvo en la cárcel y fue un hombre digno, y bueno, y no hizo nunca nada de lo que sus descendientes debamos avergonzarnos; y la historia de Miguel Hernández Gilabert, miliciano republicano, comunista, poeta y hombre, al fin y al cabo, con sus grandezas y sus miserias, con sus miedos y sus decisiones. Y mi padre, su abuelo, ya no llorará más escondido en el baño, todo el dolor que le acompaña desde niño y que intenta superar , día a día , desde que, por primera vez, un lejano día de invierno de 1947, con tan sólo dos años, empezó a visitar los penales donde su padre se dejaba la vida y la esperanza.

Y les hemos rendido nuestro particular homenaje: leyendo sus poemas, hablando de sus ideales, y de cuánto hubieran disfrutado viendo a sus nietos y bisnietos yendo a la escuela,aprendiendo poemas y sintiéndose libres; y no teniendo miedo, ni vergüenza. Y les hemos dado las gracias por sus nanas, su compromiso y el amor que nos legaron en sus palabras. E invitamos a todos a unirse a este homenaje, desde la libertad y el derecho a expresar nuestras ideas y a desear un futuro mejor, ese derecho que una vez no fue y del que ahora ( aunque haya a quien le duela, nostálgico de un régimen donde vivió feliz y resguardado) gozamos todos.

Literatura e ideas.

Martes, 16 de Febrero de 2010

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Ningún escritor represaliado, condenado o prohibido, lo es por su condición de escritor sino por sus ideas, esas ideas que esgrime con su pluma y su palabra; y por su significación política o ideológica, contraria o crítica con el regimen que le encarcela, le prohibe o le silencia.
Es fácil decir que se manipula políticamente la figura de un autor que se ve privado de la libertad o de la vida, cuando aquellos que pensaban como él le homenajean o le dignifican por compartir los mismos ideales. Podemos intentar desideologizar un texto literario, o tildarlo de panfletario si nos resulta imposible y sus ideas no nos gustan. Pero las ideas forman parte de la literatura, son inseparables de las palabras que las transmiten y las dan forma.Si Lorca hubiera pensado de otra manera sobre la falsa moral y hubiera tenido un concepto distinto de la libertad o la sexualidad, ¿hubiera escrito La casa de Bernarda Alba, o Mariana Pineda, o Poeta en Nueva York? ¿Hubiera escrito Miguel Hernández poemas como El niño yuntero, El hambre, Andaluces de Jaén, El tren de los heridos, la Canción del esposo soldado o Las Nanas de la cebolla, sin su concepto de justicia social, o sus claras simpatías por los movimientos obreros y campesinos, y su acercamiento a las clases más humildes identificándose con sus reivindicaciones y su lucha social? ¿Hubiera escrito Max Aub una obra como Los campos sin su terrible experiencia en Albatera y los campos de concentración franceses donde agonizaron miles de republicanos, de los que él formaba parte?
¿Podría un autor de ideología filofascista escribir Madre Coraje, o Redoble de conciencia o La peste? ¿ Nacen de la misma indignación Belleza cruel o El palacio de plata ? A lo mejor hay quien me argumenta que sí, y que las experiencias vitales y la postura política o religiosa no influyen en la gestación de una obra de arte. Pero yo discrepo,y discrepo desde el conocimiento y el estudio, no desde una posición personal, que también sería válida. Discrepo porque el texto literario no son sólo palabras bien engarzadas (condición que también es imprescindible , aunque la voluntad artística del autor pueda ser buscar la fealdad y la irreverencia en un momento dado).La literatura tiene alma, en ella laten las ideas del autor: su concepto de la vida y de la muerte, su idea de la moral, de la religión, de las costumbres, del amor, de la familia, de la amistad, de la injusticia, de la libertad, de las relaciones entre el hombre y el entorno, de la producción, del trabajo, de la belleza…
Si los autores no transmitieran en su obra su particular forma de ser y estar en el mundo, su visión de la época que les tocó vivir, la literartura no hubiese sido siempre tan peligrosa, tan perseguida, tan censurada…
¿Basta sólo con dominar la técnica, con ser un buen orfebre, un cincelador de la palabra? A mí, personalmente me emociona la belleza, sé reconocerla y admirarla; pero, sólo con ella, no me basta. Para que un escritor nos conmueva, nos sacuda y forme parte para siempre de lo que realmente somos, no vale con que nos guste cómo escribe, tiene que hacernos temblar, tiene que dejar en nosotros una huella, tiene que despertarnos, hacernos vibrar, desordenarnos; o dejarnos exhaustos, o impactados, o deseosos de abrazarnos a él y a sus palabras. ¿Comunicación? ¿Conocimiento? ¿Belleza? Todo eso y mucho más. La buena literatura es la que nos acompaña en nuestra formación y nos sigue enriqueciendo cada vez que acudimos a ella en busca de consuelo o de descanso, la que nos acoge en los destierros y nos acuna en las derrotas, la que nos adormece en los insomnios y nos reconforta en los naufragios.
Dime qué lees y te diré quién eres. Podemos conocer a las personas no sólo por sus palabras sino por sus lecturas. Yo siempre reconoceré el dominio de la técnica, la belleza formal, venga de quien venga…pero no por eso dejaré que un autor forme parte de mí, de lo que me define y me hace ser y estar. Creo en la literatura como gran transmisora de ideas y valores, no sólo de belleza. Esa es mi postura, cada uno que defienda la suya. Faltaría más, en estos tiempos que corren, que enarbole yo dogmatismos innecesarios. Pero a mí que me dejen con mis fobias y mis filias. Sé dónde estoy y sé con quién no quiero estar. Lo demás es sólo el eco de la vanagloria, y el ruido lejano de los cascos que anuncian la llegada del próximo elegido de los dioses.

Crear es vivir

Viernes, 29 de Enero de 2010

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Uno se pasa media vida analizando poemas, explicando análisis textual, dando cursos sobre el texto poético en el aula, leyendo, releyendo, empapándose de poesía, y de pronto se planta cara a cara ante sus propios versos y siente un pánico terrible, una suerte de vértigo mortal , un imposible desasosiego. Yo no dudo de mí, ni de mi poesía, pero a veces me pregunto por el sentido de todo esto.
Para mí la creación poética, y la literatura en general, no es un divertimento. No escribo por pasar el rato, no es un pasatiempo banal. Pero tampoco entiendo la literatura como una lucha de egos vanidosos; ni como una corte de faraones repleta de intrigas, mentiras y enemigos; ni como un concurso de méritos; ni como una lista de ventas; y, ni mucho menos, como una vulgar taberna donde, cuando menos te lo esperas, alguien te arrea un mandoble o te suelta una fresca. Y si ese es el Parnaso, no quiero estar en él, no me compensa.
Escribo para ser yo misma, para conocerme, reconocerme, reencontrarme. Buscar el rostro que se esconde tras el nombre, apresar el latido vital de cada palabra, redescubrir el mundo, entender el misterio, acercarme siquiera un instante a la eternidad. Mi yo poético me llena de inquietudes que ni tan siquiera conocía, me hunde, me arrastra; pero también me eleva, y me permite rozar, apenas un segundo, la eterna quietud de la belleza.
Para eso escribo: para vivir, para gozar del amor a la palabra, para no tener miedo, y para no olvidar nunca, nunca, aquello por lo que no merece la pena dejar de ser quien soy, ni aquello por lo que merece la pena seguir escribiendo, aunque sea en la más oscura celda o en la más olvidada catacumba.
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A mi abuelo, Manuel de la Peña, que me enseñó lo que verdaderamente importa:crear es vivir, o, al menos, sentir que uno está vivo y libre…por muy duras o adversas que sean sus circunstancias.

De utopías.

Lunes, 25 de Enero de 2010

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Podemos dudar sobre lo que queremos, sobre lo que nos gustaría que pasara, pero no podemos permitirnos el lujo de no tener claro lo que no queremos, lo que no podemos permitir que pase. Las ideologías son cambiantes e inestables como los propios hombres que las crean y las alimentan. Pero las ideas, los conceptos, no son tan mutables y nos permiten reconocernos en momentos de caos y desconcierto: LIBERTAD, JUSTICIA, RESPETO, IGUALDAD de derechos básicos, SOLIDARIDAD, EMPATÍA, EQUIDAD en las oportunidades, AMOR al prójimo… Para algunos son sólo palabrería, demagogia,para mí son los cimientos de una civilización que se precie de considerarse “civilizada”, y son los principios que me configuran en mi relación con la sociedad y con el mundo que me ha tocado vivir.
El derecho a la vida, pero sobre todo a una vida digna, a la libertad de ideas, de movimiento y de palabra, no es algo para tomarse a la ligera. Matices puede haber muchos, pero sin unas mínimas premisas que invoquen los derechos básicos nada se podrá conseguir.
No se puede vivir sin ideas, son los pilares sobre los que construir el pensamiento, forman parte del legado histórico, nos ayudan a analizar el pasado, a comprender el presente y a proyectar un futuro. La evolución humana, las indudables mejoras de las que tenemos la suerte de disfrutar una parte de la humanidad, se dieron gracias al empuje y al coraje de aquellos que , un día, tuvieron un sueño, una idea, una ilusión, y decidieron empujar para que ocurriese.
No podemos permanecer al margen de lo que ocurre, y sólo ocurre aquello que se sueña como cierto y posible, por mucho que a algunos les parezca descabellado y a otros improcedente. Los que ejercen el poder y cometen injusticias siguen haciéndolo si no encuentran un muro que les frene. Si dejamos que piensen por nosotros, que actúen por nosotros, que caminen por nosotros, que elijan por nosotros, acabaremos no sabiendo quiénes somos , impulsando cada día el engranaje de una forma de vida y de un sistema que nunca elegimos y que tiene muchos, muchos aspectos que mejorar..
No formar parte de un dogma religioso o político no quiere decir que uno sea amoral o apolítico. Algunos se movieron y se mueven por el interes propio y el progreso individual;otros prefirieron y prefieren el bien común y el progreso de toda una comunidad.Para algunos lo que importa es acumular riqueza y poder; para otros lo verdaderamente importante y gratificante es compartir esa riqueza y evitar la acumulación de poder. Para algunos la pobreza y la ignorancia son males necesarios; para otros injusticias insoportables. Para algunos vale con paliar la miseria en situaciones concretas; otros ponen su afán en erradicarla. Algunos no hacen nada porque no creen que haya que hacerlo; otros no hacen nada porque han perdido la fe o la esperanza;otros se dejan hacer; y algunos, se dejan la piel y la palabra por cambiar aquello que no funciona.
El abolicionismo, los derechos humanos, las ocho horas laborales, la asistencia médica y la escuela pública, la libertad religiosa, el sufragio universal… Todo esto fueron utopías, sueños imposibles. Menos mal que, algunos ( aun a riesgo de su propia vida y de su libertad), no se rindieron ante la adversidad, y siguieron defendiendo la utopía…

Los imprescindibles

Jueves, 17 de Septiembre de 2009

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Hay hombres que luchan un día y son buenos;
hay otros que luchan un año y son mejores;
hay quienes luchan muchos años y son muy buenos;
pero los hay que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles…”

B. Bretch

Ellos, los que tanto amé, los que me educaron, los que apretaban mi mano fuerte cuando había que cruzar una calle, fueron de esos, de los imprescindibles. De los que, a pesar de los contratiempos y las penurias, no cayeron casi nunca en la desesperanza. De los que creyeron que la justicia era posible, pero, sobre todo, era necesaria, irrenunciable.
Podrían haberse rendido, haber engrosado las nutridas filas de los desencantados, de los cínicos o de los misántropos sin remedio. Razones no les habrían faltado… Podrían haberse dejado llevar por la corriente, no significarse, no rebelarse, no enfrentarse a los que tenían la sarten por el mango, esgrimiendo tan sólo su palabra.
Pero gracias a ellos, los imprescindibles, muchos de ellos anónimos para siempre en su grandeza, la historia avanza. No tienen miedo al fracaso y son humildes cuando les acompaña la victoria. No se regodean en sus éxitos porque, entre otras razones, casi nunca llegan a verlos. Porque a ellos, los imprescindibles, no les mueven el poder ni la gloria, ni tienen escondidos intereses personales. Son pocos, muy pocos, pero cambian las cosas, las empujan día a día para que sea posible su sueño visionario de un mundo mejor. Saben que nunca es fácil y que sembrar la semilla es lo importante, aunque sean otros los que paladeen el fruto.
Por eso me niego a que se les entierre dos veces. A que se ponga sobre ellos la lápida más triste y menos merecida: la lápida del olvido (triste, fría, injusta).
Cuando se acerca algún aniversario, en este caso el de la muerte de mi abuela, pienso en ellos, los traigo junto a mí, recuerdo sus palabras, su legado de dignidad y bonhomía, sus valores humanistas, sus sabios consejos para andar por la vida, sus pequeñas manías, sus pequeñeces , sus bobadas , sus despistes, sus torpezas, y ese dolor tan grande que nunca terminaron de comprender del todo y que es parte de nuestra historia, tan dolorosa, tan triste, tan infame…
Para ella, para los que venís hasta este rincón de palabras transcribo un texto de mi abuelo, Manuel de la Peña, que ilustra mi divagación. Por ellos, para ellos, los imprescindibles.

SOLILOQUIO
Amar a la humanidad, esa es tu enseña. ¿Por qué te asusta la soledad? ¿Es que ya no hay quien crea en tu amor? Cuando el dolor de los demás llama a tus puertas, angustiosamente, ¿por qué las abres de par en par? ¿por qué llamas a la piedad en su defensa?
Si cada vez que entablas tu gran pelea contra la mezquindad una voz interior te dice “¿por qué sigues?, no insistas, párate, no merece la pena…” Si “amaos entre vosotros” es la única ley sagrada que quisieras digna y eterna, y como tal la aceptas… ¿por qué sientes que todo es en vano, por qué sufres , por qué insistes, pobre loco soñador , en que amar a la humanidad sea tu enseña?
Si al final serán tan sólo la incomprensión y la ingratitud las que acusen recibo a tus ofrendas, ¿por qué sigues creyendo en ese amor?
Sí dile adiós para siempre a esa utopía, a esa ilusión de un mundo más humano, más libre…Olvida, hay que olvidar. Y si puedes recuerda que hubo un hombre que murió en una cruz, tan sólo por pedir paz en la tierra
Madrid, 1956 (este borrador dio lugar más tarde a un poema que forma parte de Poemario a dos voces y que recibió el mismo título)

Colaboraciones

Lunes, 14 de Septiembre de 2009

200322547-001.jpgMientras algunos textos maduran y esperan para ver la luz, os dejo con mi nueva colaboración en Los tiempos modernos (se nota que disfruto mucho con ello, ¿verdad?).
El don de la palabra

En torno a la poesía (IV)

Jueves, 13 de Agosto de 2009

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“Una obra de arte es buena si está hecha de una necesidad.
Es este origen mismo el que decide; no existe otro criterio….
Descended en vosotros, escrutad las profundidades de donde fluye vuestra vida.
En su fuente encontraréis la respuesta a esta pregunta:
¿Debo verdaderamente crear?
Aquel que crea debe llegar a ser por sí mismo un Universo,
encontrar por sí mismo y en la naturaleza lo que precisa.”

R. M. RILKE - CARTAS A UN JOVEN POETA

El certificado de calidad literaria no lo expenden los amigos y los acólitos, ni siquiera los críticos, ni los académicos. Decía León Felipe que el poeta no le tiene miedo a la poesía. No debemos tener miedo, ni creer que sólo los elegidos tienen derecho a la palabra. Si alguien no nos gusta, no le leemos y punto. Si no le gustamos a alguien que no nos lea y punto. Pero ir de divo por el mundo, permitiéndose el gesto preparado y ficticio de falsa humildad y modestia perversa, eso no. Que hay genios de la literatura, estetas del lenguaje que tienen un don, pues claro. Se les reconoce y cada uno a lo suyo. Las abejas reinas a su panal para que las adoren y las llenen de miel y presentes sus adoradores, y el resto de los mortales a buscarse la vida como buenamente puedan.
Los enfoques poéticos son múltiples y todos tienen su lugar. Las élites y las masas no son más que entelequias sectistas y sectarias. Uno escribe como considera honesto, y punto. ¿Por qué renunciar? Yo disfruto por igual con muchos poetas radicalmente diferentes. Con poemas que se gritan y con versos que se susurran. No renuncio, no resto, no acoto. Valoro a los prolíficos, y admiro la tenacidad de los puristas que cincelan una y otra vez con lentitud de orfebre.
Creo en las tres heridas:”la del amor, la de la muerte, la de la vida…” y me gusta la poesía que nace de alguna de ellas o de las tres. Pero no por ello desprecio un buen poema de estética dadaísta o de hermetismo simbolista.
Somos lo que leemos, lo que escribimos, la música que nos conmueve y el agua que nos calma la sed. Descubro cada día nuevos enfoques y nuevas voces poéticas, pero sigo bebiendo del sereno manantial de los maestros que me despertaron hace ya muchos años. Me busco a cada instante, crezco y me regenero de mi propias cenizas y mi dolor profundo. La poesía forma parte de lo que soy y cada uno sabrá lo que busca en ella, o lo que encuentra, aun sin esperarlo…

En torno a la poesía (II)

Viernes, 3 de Julio de 2009

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¿Por qué escribo? ¿Por que no puedo dejar de emborronar cualquier hoja , libreta o cuaderno que me rodea?
No hay en ello más intención que la de compartir mis palabras con aquellos que siempre confiaron en mí y con los que, en diferentes momentos , han apoyado mis proyectos.
Desde que tuve uso de razón ( y eso que soy bastante irracional) he amado la Poesía. Los versos de los grandes poetas ( Machado, Miguel Hernández, Lorca, Quevedo, Lope, Neruda, Vallejo, Salinas, J. R. Jiménez, León Felipe, Angel González, Aleixandre,Cernuda, Gil de Biedma…) de los encumbrados y de otros más humildes, han ido configurando mi educación sentimental. Por mi trabajo leo mucha poesía, pero procuro no sólo diseccionarla, sino sentirla y transmitirla como catalizador y canal de las emociones humanas. Intento que mis alumnos se acerquen a la poesía como a un tesoro de sentimientos que palpitan, como a una revelación del enigma final, como a una sibila que les desvelará el porvenir, como a un maestro sabio que guarda el conocimiento y el nombre exacto de todas las cosas, y sobre todo les pido que busquen en ella lo que esconde su propio corazón aletargado.
Toda lectura poética es única en sí misma. Nadie experimenta las mismas sensaciones ante los mismos versos. Cada uno construye su propia versión del poema leído y lo aplica a sus propias vivencias y a su particular sensibilidad. La poesía, como la música, nos transporta a lugares imposibles, a sensaciones sinestésicas, a rincones de nosotros mismos que nunca antes habíamos transitado.
Encontrar el verso perfecto, la palabra precisa, la metáfora sublime, es un don de los dioses que no a todos nos es concedido. Conseguir conmover, mover al otro hasta nuestra propia búsqueda interior para que se conozca un poco más a sí mismo; hacer que alguien haga suyo un verso o un poema y lo lleve con él, prendido en su memoria para siempre, es un privilegio.
Yo a nada grandioso aspiro, tan sólo a ser digna de los que me enseñaron el verdadero valor de la Poesía, y a transmitirlo a los que a mí me toca, en esta eterna cadena de dar y recibir.

Impunidad

Sábado, 13 de Junio de 2009

Nada hay más desesperanzador para el que ha sufrido que la impunidad de los culpables. Tirar la piedra y esconder la mano. Saberse a salvo de toda condena, de toda evidencia. La impunidad afecta a muchos ámbitos: se da a gran escala cuando un estado abusa de su poder totalitario sobre los ciudadanos; se da a escala más pequeña cuando un grupo somete a otro por la fuerza amparado en leyes injustas, o en el miedo, o en la propia inoperancia del sistema legal; y se da también en la vida cotidiana, cuando, parapetados, hacemos daño de forma gratuita al intuir que la otra parte no podrá defenderse, o al sentirnos en peligro sin sopesar si el peligro era tal o estábamos en un error.
En mi vida y en mi historia familiar he sentido muchas veces el zarpazo de la impunidad, ese dolor seco que nos deja el saber que no se hará justicia, que todo pasará y será polvo, nada. Que no habrá de saberse la verdad porque no hay interés en descubrirla. Aprendí de los míos que debía actuar bajo la máxima de no hacer a los demás aquello que no quiero que me hagan a mí, y nunca orquestar el dolor ajeno, ni planear una venganza. Me quiero y me respeto demasiado como para caer tan bajo. Y además no creo en la venganza por muy literaria que resulte, sólo en la justicia y la reparación, en la recuperación de la dignidad y en el reconocimiento del sufrimiento injusto, venga de donde venga.
Por eso nadie me convencerá jamás de que ceje en mi empeño, porque mirando hacia atrás sin miedo, puedo caminar cada día con dignidad.
En Portbou hay una escultura sorprendente de Dani Karaban dedicada a Walter Benjamín, filósofo alemán de origen judío que moriría allí, dicen que suicidándose,mientras huía de la barbarie que asolaba Europa.En ella el escultor recoge las palabras del filósofo: “Es tarea más ardua honrar la memoria de los seres anónimos que la de las personas célebres. La construcción histórica está consagrada a la memoria de los que no tienen nombre”.
Como dice mi querido y admirado amigo Luis Spencer, “recoger las voces de tantos y tan ricas es un deber maravilloso y muy difícil”. Porque sólo escuchando todas las voces y rescatándolas del olvido podremos construir un mundo más justo donde no tenga cabida la impunidad.

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