Archivo de la categoría "Relatos"

La memoria herida: “Reencuentro”

Viernes, 20 de Junio de 2008


Se abrazaron y lloraron… Lloraron por todo el tiempo que habían permanecido separadas, por todo lo que las había mantenido unidas a pesar de la distancia, por todo lo que les habían arrebatado…
No se habían vuelto a ver desde aquel triste día del año 39. Era marzo y llovía. Sabían que todo estaba perdido, o al menos lo intuían. Pero apenas podían sospechar cuánto les quedaba aún por sufrir, cuánto dolor tendrían que soportar, cuánta desesperanza…
Para Julia el exilio, la soledad, el país extraño. Otra lengua, otras gentes, otro cielo… Caravanas de tristeza, campos de refugiados. Madres que lloran, niños que lloran, hombres que lloran – rabia, impotencia, locura. Y gritar, gritar, gritarle al mundo: “¡No, no, nosotros no! ¡No nos abandonéis! ¡No nos sacrifiquéis! ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?…”
Para Aurora otra clase de exilio, el exilio interior. El silencio, el miedo. Las puertas cerradas, las ventanas cerradas, las bocas cerradas… Nunca mirar atrás, nunca mirar a nadie, que nadie te mire, que no te reconozcan, que no te delaten. Doblar la esquina, ¡El brazo en alto! ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco! El “viva España”, el “oriamendi”, el “cara al sol”… Pero al final te encuentran, te arrastran por los pasillos, no puedes escaparte… Y luego los golpes, las celdas, el frío… “¿Qué será de mi niño? ¿Qué será de mi madre? ¿Qué será de nosotras?”
Y ahora, sesenta años después, han vuelto a reencontrarse. Los nietos se empeñaron, las buscaron, las “desamordazaron”, las “regresaron”, y aquí están todas. “Un homenaje tardío, pero necesario.” Eso habían dicho. “Tú fijate, ¡qué chicos estos! ¡Con tantas historias como les hemos contado…! Hablando y hablando tejimos nuestras vidas en el inmenso tapiz de su memoria…”¡Hay tanta gente! ¡Tantos rostros que un día se quedaron atrás, callados, detenidos en la sombra fugaz, en el gris sempiterno de una fotografía! “Rosita, ¡si eres tú! Soy Benigna, la “Beni”. ¿No te acuerdas?” …” ¿Qué fue de Conchita? ¿Y Suceso? ¿Y Amparo? ¿Qué sabéis de Teresa? ¿Y Lola? …Carmen murió… ¡qué pena!” Sonríen como muchachas, hablan, gritan, se abrazan. Parece que no hubieran pasado tantos años, tantas vicisitudes, tantas penas.
Entre la muchedumbre, los familiares, las autoridades, la prensa; entre tantas y tantas caras (nuevas, viejas, conocidas, reconocidas, algunas incluso “irreconocibles”), al fin se han reencontrado. “¡Aurora!”… “¡Julia!”.
Ahora están sólo ellas, el mundo se ha parado, el tiempo se ha parado. Marzo del 39, la lluvia, la tristeza. Y el mismo abrazo cálido, el ruido de los coches, las bombas, los disparos… Y su amistad sincera, su lealtad infinita. Incólume el afecto, inalterable, sobreviviendo al tiempo, al destino, a la infamia.
“Adiós”, te dije yo. “Adiós”, me contestaste. Hice amago de levantar el puño y tú me lo bajaste, y me abrazaste fuerte, y me besaste en ambas mejillas bebiéndote mis lágrimas. “Nos veremos muy pronto”, me dijiste. “Muy pronto”, repetí. Y luego te alejaste, y ya desde el camión, con gesto sonriente, me levantaste el puño. “¡Salud, compañera!”. “¡Cuídate mucho!” gritaba yo, corriendo calle abajo con los pies empapados, la chaqueta empapada, el rostro empapado… ¡el alma empapada!
Ven, abuela, vamos, que va a hablar el presidente de la organización”. Pero a ellas no les importa el presidente, ni las cámaras, ni nada. Ellas sólo quisieran recuperar los años perdidos, y regresar de nuevo a aquel aciago día. Y para ello necesitan seguir así, abrazadas, llorando lentamente todo el dolor guardado, todo el dolor dormido, todo el dolor callado. Y no decirse nada, porque no podían imaginar cuántas lágrimas había dentro de ellas, cuánto dolor guardaban todavía sus corazones heridos, qué sima tan profunda asomaba en sus ojos ya cansados…
“Nos veremos pronto”, dijo una. “Muy pronto”, repitió la otra. Y se montaron en coches diferentes, y pusieron rumbo a sus hogares, otra vez en distinta dirección. Sabían que era difícil que volvieran a verse (demasiados kilómetros, demasiados achaques), pero se sonrieron. Porque ellas, las mujeres del 36 como ahora las llamaban, habían perdido una guerra, pero no la esperanza, ni la dignidad, ni la memoria.

La tumba

Domingo, 15 de Junio de 2008

Hoy visité mi tumba. Aquel día hizo mucho frío y tú estabas allí, escondido tras un muro, vigilando mi sombra.
Un libro, una clave, un puente, un jardín… un sentido a tantos siglos vividos en vano. “Despierta y ven a mí”, me dijiste en sueños. Y yo recorro el largo sendero de piedra que me lleva al círculo. Y allí me paro y pongo alerta mis sentidos: olores del pasado me invaden (las flores de aquel viejo balcón parisino), voces de otras mañanas como ésta, con las manos llenas de ternura y mariposas blancas en mi pelo.
Oscuras palomas escaparon de mi pecho, las azucenas se tiñeron de olvido, y ya nadie pudo hacer nada…Una profunda noche habitó en mis ojos y me dejé llevar.
Ahora recibo tus lágrimas como la tierra recibe la lluvia bienhechora , y me dejo envolver por la fría oscuridad.

El don de la palabra

Martes, 10 de Junio de 2008

La pequeña escritora lloró. Se había cansado de emborronar las hojas tristes de su cuaderno para que nadie las leyera. ¡Nunca más volvería a escribir! Era una decisión irrevocable, (o casi…). Así se lo anunció a su madre mientras ésta, que pelaba patatas en la cocina con aire distraído, asentía con gravedad fingida a sus preguntas. “Pero cariño,-le dijo suavemente- por mucho que te empeñes, tú nunca podras dejar de escribir”. ” ¿Y tú por qué lo sabes?”- preguntó la pequeña con tono retador. La madre la miró- con esa mirada que sólo saben poner las madres y que despeja todas nuestras posibles dudas y hace que se evaporen nuestros profundos miedos- y dijo con su voz de madre sabia: “Porque tú, pequeña mía, naciste con el don de la palabra.” ” ¿Y eso es malo mamá?” ” Bueno, como todos los dones tiene su parte buena y su parte mala. Lo que sí sé es que no puedes renunciar a él porque forma parte de lo que tú eres.”
Pasaron los años, y a pesar de que a veces le fallaron las fuerzas y quiso abandonar su vocación de escribir; a pesar de que durante largos períodos de tiempo atravesó desiertos de inactividad creadora y caminó sin rumbo por los páramos de la desilusión ; a pesar de que el silencio fue durante años la única respuesta; a pesar de que todo parecía ponerse en contra, ella siguió andando con sus manos vacías y su viejo cuaderno lleno de palabras.
Los vientos soplaron y agitaron con fuerza su nave hasta hacerla zozobrar. Gritó fuerte: “ ¡Miradme! ¡Escuchadme! ¡Estoy aquí! ¿Es que nadie puede pararse un momento?”
Aprendió a no esperar nada de los rostros grises que poblaban el mundo; a no buscar el éxito, sino la satisfacción y la autenticidad; y a contestar siempre lo mismo, cuando aquellos que se empeñaban en ningunearla le preguntaban por qué seguía llenando incansablemente las gastadas hojas de su cuaderno : “Es que yo, tengo el don de la palabra…”

Palabras de amor

Miércoles, 4 de Junio de 2008

Ellos son dos por error que la noche corrige” E. Galeano

Las palabras de amor, como tristes migajas, se le cayeron de sus manos abiertas,  mientras ella, siempre atenta, las recogía con tacto trémulo.

Buscaron el deseo a tientas por sus cuerpos, atraparon la luz por las rendijas y persiguieron sus besos como palomas ciegas.

Rieron sin pudor, doblaron las esquinas, afrontaron las dudas, arrugaron las sábanas, mancharon los manteles… Y con cada café de la mañana, las palabras sabían dulces y amargas (aciertos, errores, despistes, franquezas…).

Poco a poco aprendieron que, en el juego de ser dos en busca de uno sólo, no todas las palabras son palabras de amor… Pero que, aun así, merecía  la pena detenerse a escucharlas.

La página en blanco.

Sábado, 31 de Mayo de 2008

Estaba allí, delante de la página en blanco, sintiendo el vértigo de las posibilidades infinitas, entre las que también se encontraba la de no ser capaz de escribir nada… La pluma temblaba entre sus dedos, y las palabras pugnaban por salir a borbotones, sin “orden ni concierto”, dispuestas a teñir la inmensidad de aquella hoja que se ofrecía para ser sembrada. Tuvo miedo, pudor, desconfianza, intentó renunciar… Pero ellas, las palabras, siguieron llegando desde todos los recónditos lugares de su corazón; desde todos los oscuros rincones de su memoria; desde los más lejanos huecos; desde las más olvidadas esquinas polvorientas de su imaginación. Y las dejó allí, cómodamente instaladas en aquella página en blanco que alguien leería algún día, o que , tal vez, amarillearía para siempre en un cajón. ¿Y es que acaso importaba? Escribir era vivir, respirar, crecer, encontrarse, reencontrarse, hundirse y volver a emerger. Leeremos, y en ese instante, la magia de la palabra lo envolverá todo. Nos ungiremos de palabras, nos abrazaremos a ellas y este estúpido mundo cobrará sentido por un momento.¡Nos salvarán las palabras!

Donde nacen las nubes

Miércoles, 21 de Mayo de 2008



Cuando mis hijos, que todavía habitan en la edad de la inocencia y nada entienden de la crueldad del mundo, me preguntaron un día por qué algunos niños lloraban desconsoladamente detrás de la pantalla de nuestro televisor, tuve que explicarles, no sin cierto temor y con bastante torpeza, que, en algunos lugares, los niños amanecen cada día bajo el rostro terrible de la guerra. Para ello inventé un pequeño cuento al que titulé Donde nacen las nubes. Más tarde, mi querida Ana se acercó a él y realizó estas ilustraciones que han sido para mí un regalo inestimable y sorprendente.

El árbol

Martes, 13 de Mayo de 2008


Ilustración de Ana C. Martín

El viento del otoño azotaba sin tregua las ramas del árbol. Por mucho que éste se empeñaba, nada podía contra la fuerza de aquel soplo que le despojaba cruelmente de su bello manto de hojas amarillentas. Le gustaba especialmente el abanico de colores que se mezclaban en su copa al llegar septiembre: del marrón al amarillo, pasando por el rojo, el ocre, el sepia y alguna pincelada tímida de un verde que se resistía a ceder su terreno. ¡Pero duraba tan poco aquella fiesta de colores otoñales!… El viento de octubre se había llevado una vez más su abrigo estival, y tan sólo una hoja conseguía sostenerse soportando aquel vaivén incesante.
¡Cuántas veces los vientos del otoño sacuden nuestras vidas empeñados en llevarse todo lo que quedó caduco, el equipaje que ya no nos sirve, el absurdo fardo de lo irrecuperable! Y nosotros, como la irreductible hoja del árbol , nos aferramos a lo que fuimos por miedo a lo que nos depara el largo invierno, sin ser capaces de confiar en el eterno ritual de renacimiento que nos regalará la primavera…

La puerta

Sábado, 10 de Mayo de 2008


“A todos los que, con sus risas y sus palabras, me han anclado al presente y a la certeza”

Llevaba mucho tiempo llamando a aquella puerta que nadie abría. Tanto, que ni siquiera se había percatado de que dentro no había luz, ni atisbo alguno de vida. Las ventanas permanecían cerradas y el polvo del olvido lo cubría todo. Se sentía huérfana, abandonada, perdida. Acurrucada en aquella puerta , empeñada en aferrarse a las ruinas de un pasado irrecuperable, se dejó envolver por la ceguera y , durante un tiempo, no fue capaz de ver que, frente a ella, una casa nueva, invadida por la luz, las risas y la vida, abría las ventanas para que ella mirase.
Por fin un día abrió los ojos. En medio de la espesa niebla que la envolvía, pudo vislumbrar una luz que se abría paso a duras penas para llegar a ella y acariciar su piel dormida. Consiguió acostumbrar sus ojos ciegos a aquella luz, y, poco a poco, fue dibujando los contornos de una puerta entreabierta por la que se colaba un resplandor dorado.
Se acercó lentamente y, a medida que se adentraba en el umbral, pudo sentir todo aquello a lo que, sin saberlo, había renunciado por su obcecación: la cálida presencia de las cosas presentes; el aliento tenue de la vida que late; el acogedor abrazo de la certeza.

Gracias a la vida, que me ha dado tanto(…)”

d-fm-gracias-a-la-vida.mp3

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Los cuatro elementos

Miércoles, 9 de Abril de 2008


Microrrelato en formato audiovisual.
Entra en los cuatro elementos

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